Rosa DomingoPsicóloga y escritora
ES · CA · EN · DE

Inicio · Artículos · Psicología clínica

Psicología clínica

Los miedos en la infancia

Publicado el 2023-08-02

Los miedos en la infancia

Los miedos son una parte natural del desarrollo humano y forman parte del proceso de aprendizaje de los niños sobre el mundo que los rodea. Los miedos son una respuesta adaptativa que ayuda a los niños a reconocer y protegerse ante situaciones o estímulos que perciben como amenazadores o desconocidos.

Durante el crecimiento de los niños, experimentan cambios importantes en su percepción y comprensión del mundo. A medida que adquieren nuevas habilidades cognitivas y sociales, su imaginación se desarrolla y pueden empezar a concebir situaciones imaginarias o temores infundados.

Algunos ejemplos de miedos comunes a la infancia incluyen la oscuridad, los monstruos, animales, separación de los padres, alturas o situaciones desconocidas.

Los miedos pueden ser beneficiosos, ya que ayudan a mantener a los niños seguros y alerta ante posibles peligros reales. Sin embargo, cuando los miedos se hacen extremos o interfieren significativamente en la vida diaria del niño, pueden requerir atención y apoyo por parte de los adultos.

El papel de los adultos es fundamental para ayudar a los niños a enfrentarse a sus miedos de manera saludable. Con paciencia, comprensión y empatía, los adultos pueden ayudarles a comprender y gestionar sus miedos, alentándolos y apoyándolos para superar situaciones de angustia.

¿En qué momento los miedos pueden ser un problema?****

Los miedos se consideran un problema cuando se convierten en una fuente significativa de malestar e interferencia en la vida diaria del niño. Si los miedos son excesivos, persistentes y afectan negativamente al bienestar general, al desarrollo y al funcionamiento del niño, es importante abordarlas y buscar ayuda si es necesario.

Algunas señales de que los miedos pueden ser un problema incluyen:

  • Intensidad excesiva: El niño muestra un nivel de miedo desproporcionado o fuera de la norma para la situación o estímulo que lo ocasiona.
  • Persistencia a largo plazo: Los miedos continúan durante un periodo prolongado, más allá de lo que se consideraría como normal para la edad del niño.
  • Interferencia en el funcionamiento diario: Los miedos afectan a la capacidad del niño para llevar a cabo actividades cotidianas como ir a la escuela, dormir, comer o socializar.
  • Aislamiento social: El niño evita actividades o situaciones por miedo, lo que puede conducir al aislamiento social y dificultades para relacionarse con otros niños o adultos.
  • Malestar emocional intenso: El niño experimenta un alto nivel de angustia, tristeza, irritabilidad u otro malestar emocional asociado con sus miedos.
  • Evitación constante: El niño intenta evitar de forma persistente situaciones, personas o lugares que le provocan miedo.
  • Impacto negativo en el sueño: Los miedos pueden generar problemas de sueño como insomnio, terrores nocturnos o despertar frecuente durante la noche.

Si observas estos signos en un niño, es importante abordar los miedos. Podemos proporcionar a los pequeños estrategias para ayudarles a enfrentarse a sus miedos de manera saludable y reducir su impacto negativo en su vida.

¿Cómo reaccionar ante el miedo excesivo?****

A continuación recopilamos un conjunto de consejos para aplicar a los casos en que el miedo empieza a ser un problema para los niños e interfiere en su día a día.

  • Es importante escuchar con atención lo que el niño dice sobre su miedo en particular, y respetar aquello que quiere explicarnos sin quitarle importancia, ni que se sienta cobarde o débil.
  • Los niños necesitan ser escuchados, comprendidos y respetados por lo que sienten. Hay que hacerles saber que todas las emociones son válidas y naturales y que todas las personas tienen miedo en algún momento u otro.
  • Los adultos podemos revisar y comprobar junto con los niños que no hay monstruos infiltrados debajo de la cama, el armario, el sótano... para que vea que no hay nada, pero siempre dejando entrever que no estamos sorprendidos ni espantados y que no creemos en los monstruos. Pero a la vez debemos dejar claro que estamos dispuestos a ayudarle en lo que haga falta para que se sienta más tranquilo o tranquila. Sin exagerar ni minimizar sus temores.
  • Permitimos con naturalidad si el niño quiere volver a etapas más infantiles de su desarrollo. Por ejemplo, dejaremos que vuelva a dormir con su peluche preferido si esto le da seguridad, o bien dejar una luz encendida.
  • En ocasiones debemos dar a los pequeños explicaciones racionales y precisas sobre el funcionamiento de las cosas, sobre todo en niños y niños mayores. Por ejemplo, podemos explicar el motivo de un ruido que proviene de la caldera del sótano, o del movimiento de las cortinas... Hay que tener en cuenta que en los casos de niños y niñas más pequeños, que todavía no han desarrollado el pensamiento abstracto, las explicaciones lógicas no siempre serán efectivas.
  • No es positivo que enfrentemos a los pequeños a sus miedos en contra de su voluntad, esto no sólo no hará desaparecer su miedo, sino todo lo contrario.
  • Resulta efectivo que los adultos expliquemos a los pequeños historías de los propios miedos y de cómo los vamos a superar. Esto ayuda a los pequeños a sentirse validados y da herramientas a los pequeños de cómo se pueden superar los miedos.
  • Promover juegos que permitan a los pequeños tener cierto control sobre la situación de miedo. Por ejemplo, jugar a apagar y encender la luz si tienen miedo a la oscuridad o jugar a que el niño es un monstruo y espanta al adulto.
  • Usar el sentido del humor para destensar la situación de miedo. Ridiculizar a un monstruo o explicar anécdotas graciosas relacionadas con el miedo.
  • Explicar historias o cuentos donde aparezcan situaciones de miedo que se resuelven de forma feliz.

En los casos que los miedos se vuelvan muy intensos y perduren en el tiempo limitando a los niños realizar actividades cotidianas, es necesario consultar a un profesional.

Del mismo tema

Psicología clínica